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Discurso de clausura de las II Jornadas científicas sobre ataxia

 

Por Alberto Suárez, portavoz de FEDAES en el acto de clausura de las II Jornadas científicas sobre ataxia.

 

No sé si podrán imaginarse el gran honor y satisfacción que es para mi poder compartir mesa con todos ustedes, con las personas que más saben de ataxia y en cuyas manos, quizás algún día, esté la solución a esta enfermedad tan dura. Sin embargo la responsabilidad de ser portavoz de la Federación de Ataxias de España en este acto de clausura es tan grande que dirigirles algunas palabras puede ser todo un reto para un atáxico, pues si a cualquiera le cuesta dominar los nervios en una situación como ésta, saben perfectamente lo que supone para alguien cuyo problema precisamente es el sistema nervioso.

No obstante espero que mi disartria me posibilite al menos poderles transmitir las sensaciones de los que padecemos esta enfermedad, porque muchas veces se olvida que siempre detrás de cada enfermedad hay  una persona... muchas veces se olvida que las células no son de Purkinge, sino de una persona con otro nombre más simple... por ejemplo un tal Alberto, que no tiene recuerdo de cuando empezó a compartir su vida con la ataxia, pero que, poco a poco, fue convirtiéndose, como diría un legionario, en su leal compañera...

La conciencia exacta de cuando empieza todo no existe, pero es evidente que algo diferente le pasa a tu cuerpo que no le ocurre a los demás... pero, curiosamente, la mayor preocupación es disimular esa ebriedad que produce la ataxia, tanto en la marcha como en la voz.. Físicamente y por mucho que intentes evitarlo te mueves  como un borracho sin haber bebido y como tal te juzga la gente, por ello, ya desde joven te sientes como un “bicho raro”, sentimiento más común a todos los atáxicos.

Pero la cosa no queda ahí... ojalá... ese sentimiento va creciendo proporcionalmente a la degeneración, ya que a aquellos síntomas se van añadiendo otros que ya no son tan simpáticos. Poco a poco te vas dando cuenta que es imposible disimular lo que te ocurre y la solución es no dar oportunidad a que te vean así que paulatinamente vas buscando el aislamiento y la soledad.

Te das cuenta de que estás enfermo y que lo que te pasa a ti a poca gente le ocurre. El médico te dice que lo que te pasa es una enfermedad muy rara, incurable y degenerativa, pero que con los avances de hoy día quien sabe... pero muy poco espabilado hay que ser para darte cuenta que siendo ésta una enfermedad tan rara serán muy pocos los que trabajen para buscar alguna solución para la ataxia porque no somos “rentables”. Así, a ese sentimiento inicial de rareza, al que se ha añadido el aislamiento y la soledad, se une ahora el peor de todos, el de abandono.

Si bien te cuesta tiempo y lágrimas asumir que lo que te pasa no tiene cura, lo que más cuesta, y quizás nunca lo consigues, es hacerte a la idea de que la cosa va a ir a peor... sin embargo, aunque la edad aporta para todo un tamiz suavizador que te va dando esa resignación necesaria para superar muchos sentimientos, lo que nunca llegas a entender es el abandono institucional, porque hay preguntas que nadie puede contestarte... ¿Cómo es posible que después de 3 años de reconocimiento por la Agencia Europea del Medicamento de la Idebenona como medicamento huérfano para la Ataxia de Friedreich todavía en España la mayor parte de los enfermos no tengan acceso a él? ..., ¿Cómo es posible que haya posibilidades teóricas de cura y que no lleguen a probarse porque tengas la mala suerte de ser de un grupo de enfermos muy reducido?

 Muchos guardamos como oro en paño el recorte del periódico El País del día 4 de febrero de 1.998, en el que se informaba textualmente que “un grupo de investigadores habían logrado eliminar en ratas de laboratorio el llamado síndrome de ataxia cerebelar mediante la administración del factor de crecimiento IGF-1”. Esta noticia supuso para nosotros una luz de esperanza perdida, pues al día de hoy, después de 6 años no se ha dado el paso a probarlo en humanos, y la mayor dificultad es siempre la misma, el dinero... o en otras palabras que has tenido la mala suerte de tener ataxia, esa enfermedad tan dura pero de unos pocos y silenciosos.

Conscientes de que el tiempo pasa y para nosotros más rápidamente, desde FEDAES llevamos 3 años trabajando para que se haga un ensayo con este fármaco tan prometedor, y después de resolver todos los problemas, que han sido muchos y variopintos, solo está pendiente de financiación, es decir, de que alguien decida darnos una oportunidad... En caso de otra enfermedad de mayor prevalencia los propios laboratorios farmacéuticos lo patrocinarían encantados, pero en nuestro caso sólo las instituciones sociales pueden ayudarnos, ya que la grandeza de los estados e instituciones es precisamente salvaguardar y proteger los derechos humanos de todos, pero sobre todo de las minorías más débiles, y la salud es uno de los derechos fundamentales si no el más básico. Por ello, y espero que sepan perdonar el atrevimiento, quisiera aprovechar la ocasión para pedir a los ilustres señores que hoy nos acompañan que al menos ellos no nos miren en términos de rentabilidad económica y que nos acompañen a saber si el IGF-1 nos puede ayudar de igual forma que ayuda a las ratas en el laboratorio. 

 

Y ya por último, quisiera transmitirles a todos los pressentes el agradecimiento más sincero en nombre de todos los enfermos, familiares y amigos por haber asistido a estas jornadas pero sobre todo por dedicarnos su trabajo y dedicación a investigar las ataxias, porque han de saber que si todavía no hay cura física si que han logrado una cura psíquica, la que produce la seguridad de que hay una buena gente trabajando para buscar soluciones a lo nuestro,  pues saber que están ahí, créanme, ayuda mucho... GRACIAS

 

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