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vida familiar, social y laboral se altera por completo ante la
aparición de una enfermedad, más aún si ésta es irreversible o
degenerativa, situación que obliga al paciente a cambiar de manera
radical su modo de vida. Hay enfermedades para las que la medicina
actual no tiene soluciones o cuyos tratamientos no logran los
resultados esperados. Por esta razón, recibir la noticia de que se
padece una dolencia de este tipo es un duro golpe para quien la sufre
y para sus familiares. Sin embargo, los psicólogos afirman que se
puede convivir con una enfermedad de estas características después de
superar una serie de etapas que pasan por la negación de la situación,
en primer lugar, y por cierta rebeldía después. Son actitudes normales
que con el paso del tiempo y la ayuda de los seres queridos suelen
desembocar en una última fase de aceptación y adaptación, aunque la
tristeza y los episodios depresivos pueden aparecer de manera
continuada. En este sentido, las asociaciones de apoyo realizan una
labor excelente, favoreciendo que enfermos y familiares aprendan a
conocer la enfermedad, a aceptarla y a sacar el máximo partido a la
vida con las limitaciones progresivas a las que pueden verse sometidos
los enfermos.
María Álvarez
Diciembre 2005
La actitud es un elemento definitivo
Ya sea por la aparición de una dolencia incurable, por un accidente
que provoque vivir el resto de la vida en una silla de ruedas… la
persona que recibe la noticia de que padece una enfermedad para la que
no existe solución pasa por varias fases, según indica María del Mar
González Muñoz, psicóloga y directora del Centro de Psicología
PsicoSalud, de Madrid.
- Negación: Pensar que la situación es imposible,
que no puede estar pasando. Muchas personas no quieren aceptar el
problema y llegan a convencerse de que se trata de un error médico.
- Enfrentamiento: Rebeldía ante la situación. Una
vez que los enfermos empiezan a asimilar el diagnóstico médico, es
muy común enfadarse con el mundo, con los demás o incluso con uno
mismo por tener una enfermedad para la que no existe solución.
- Aceptación y adaptación: Una vez comprendida y
asimilada la situación es habitual mostrar síntomas depresivos, como
por ejemplo, estar más tristes, irritables, apáticos o ansiosos al
pensar en todo lo que se les viene encima. Tras este período de
adaptación, deciden qué hacer con el tiempo que les queda y qué
actitud adoptar.
En ocasiones, según advierte la psicóloga, algunos
pacientes se quedan anclados en algunas de las primeras etapas, no
evolucionan y lo afrontan mal, por lo que sufren por partida doble:
“por un lado por la enfermedad, y por otro por la no aceptación de una
situación real e irrevocable”. Sin embargo, hay personas que afrontan
estas situaciones mucho mejor, lo que favorece que tanto ellos como
sus familiares o las personas que los rodean acepten mejor la nueva
situación y se ayuden entre todos. No cabe duda de que la vida para
estas personas es diferente desde el momento en que conocen su
enfermedad, ya que hay multitud de actividades que antes podían hacer
y que en su nueva situación les resultarán imposibles. Pero, como
señala González Muñoz, es muy importante que tanto ellos como sus
familiares y amigos tengan en cuenta que hay otras muchas que sí
pueden hacer y que deben “aprender a valorar otros aspectos de la vida
que antes pasaban desapercibidos y que merecen la pena ser tenidos en
cuenta”. La psicóloga advierte de que muchos de estos enfermos piensan
que su nueva vida es un modo de vivir de segunda categoría, pero no
cree que sea cierto e incide en la importancia de dar al enfermo “un
motivo para levantarse cada mañana, una meta que conseguir y una
valoración personal de lo que hace día a día”. Para conseguir llegar a
esta aceptación, una situación realmente difícil, existen estrategias
que pueden ayudar a manejar el proceso de enfermedad, según explica
Maribel Carreras Barba, psicóloga del Grupo Luria Psicólogos, de
Madrid:
- Vivir el presente: Disfrutar de lo que se tiene y
no sufrir por lo que se pueda perder.
- Medir la vida en términos de calidad, no de
cantidad: Intentar ver la vida en profundidad, “a lo ancho, lo alto
y lo largo, y no solo a lo largo, por los metros recorridos”.
- Buscar soluciones: Aunque no pueda elegir las
circunstancias que este viviendo, sí puede elegir cómo responder
ante ellas.
- Cuidarse: Descansar, alimentarse adecuadamente.
- Distraerse: Realizar actividades que le apetezca
y que no le supongan un gran esfuerzo.
- Confiar en el quipo médico: Consultar a los
médicos todas las dudas que tenga respecto al proceso de enfermedad
y sobre cómo controlar todas las molestias derivadas de la misma.
- Evitar que la enfermedad no sea el centro de su
vida: Se puede seguir trabajando, haciendo actividades que nos
gusten y teniendo momentos felices y positivos aunque se padezca una
enfermedad grave.
Además, hay asociaciones de apoyo que realizan una
labor excelente, favoreciendo que enfermos y familiares aprendan a
conocer la enfermedad, a aceptarla y a enseñarles cómo sacar el máximo
partido a la vida con las limitaciones progresivas a las que pueden
verse sometidos los enfermos.
Los cuidadores
Siempre que una enfermedad incurable o degenerativa irrumpe en la vida
de una familia, ésta sufre un grave conflicto y la mayoría de sus
miembros suelen pasar por fases similares a las vividas por el propio
enfermo. En la mayor parte de los casos es algún miembro de la familia
quien se encarga de ejercer la tarea de cuidador, que no siempre es
fácil. La doctora en psicología, Verónica Guillén Botella, señala que
es normal que los familiares que se ocupan de un enfermo incurable les
presten cariño y atención, “que se vuelquen en el paciente”. Sin
embargo, advierte de la necesidad de no sobreproteger ni quitar
independencia al enfermo, sino dar lo que pide o necesita en una de
las etapas más difíciles de su vida. El cariño, la atención y la
dedicación no tienen por qué estar reñidos con el hecho de poner metas
y pedir que las lleven a cabo mientras puedan realizarlas, ya que esta
actitud fomenta la autoestima del enfermo, le ayuda a mantenerse
activo y a tener una actitud más positiva frente a su enfermedad. La
experta señala que no hay que poner límites antes de tiempo y, cuando
los haya, “adaptarse a ellos, pero siempre buscando tener metas,
actividades sociales, de ocio, de cuidado personal…, de modo que se
sigan obteniendo beneficios por luchar”.
En este tipo de dolencias prestar una atención
especial al enfermo es una tarea básica, pero tampoco debe descuidarse
la atención a las necesidades de los cuidadores, que en muchos casos
necesitan tanto o más apoyo que el propio paciente, ya que el
cansancio, la dedicación plena a un familiar, observar que la
enfermedad sigue su proceso aunque se haga el máximo esfuerzo… pueden
terminar afectándoles de manera severa y abocarlos a una depresión.
Los expertos recomiendan que estas personas encuentren momentos de
desconexión y, en caso de ser necesario, cuenten con apoyo psicológico
para ir aceptando y asumiendo los cambios que provocará la enfermedad
en sus vidas.
Qué deben hacer los
cuidadores La Social Work Service de Estados Unidos recomienda a los
cuidadores de los enfermos terminales o de enfermedades incurables o
degenerativas los siguientes consejos:
- Fijarse objetivos y expectativas realistas.
- Establecer sus propios límites.
- Pedir y aceptar ayuda.
- Cuidar de sí mismos.
- Implicar en el cuidado del enfermo a otras
personas.
Ayuda psicológica
En algunos casos, el enfermo o sus familiares no son capaces de asumir
un diagnóstico grave y sienten un importante impacto emocional por la
posible pérdida de la salud y del bienestar, al mismo tiempo que
pueden sentirse desconcertados y preocupados por el futuro. Aunque hay
muchas personas que, a pesar de la dureza de su situación personal,
pasan por este proceso de forma natural y no necesitan ningún tipo de
ayuda psicológica, hay otras muchas para quienes resulta un proceso
muy complicado de manejar, y sí requieren de tratamiento,
fundamentalmente psicológico. Así lo indica la doctora en Psicología
Verónica Guillén, quien señala que la diferencia fundamental entre
ambas está en la capacidad de aceptación de la persona. “La situación
es tremendamente dura para todo el mundo, sin embargo, hay personas
que se ven capaces de aceptarla y sin darse cuenta se preparan
psicológicamente para ello. Por otro lado, otras personas tienen
dificultades para elaborar este proceso y se quedan ancladas en algún
punto”, explica.
En caso de que una persona sea incapaz de afrontar
sola el proceso de asumir una grave enfermedad, existe tratamiento
psicológico que sirve para acelerar el proceso, para ayudar a entender
y aceptar mejor la situación, además de proporcionarles armas para
sobrellevarlo, lo que repercute en una mejor calidad de vida. Los
expertos aconsejan que el enfermo, o sus familiares, acudan al
psicólogo en los siguientes casos:
- Si se siente desbordado por la angustia, el
miedo, la tristeza, la preocupación o cualquier otra emoción.
- Si comienza a sentir mucho dolor, alteraciones
del sueño o falta de apetito.
- Cuando la propia persona esté convencida de que
es lo único que le va a poder ayudar a enfrentarse a la situación.
Cómo ayudar a estos
enfermos Muchas veces no se sabe cómo actuar con estos pacientes que
padecen enfermedades terminales o degenerativas, si
sobreprotegiéndolos o intentando que todo siga lo más normal
posible... Las siguientes estrategias elaboradas por los psicólogos
aquí consultados, pueden ayudar a conocer las necesidades del
paciente, facilitando la comunicación con el enfermo:
- Ir con calma, dar tiempo al paciente para que
asimile lo que implica la enfermedad que padece.
- Escuchar y compartir sus sentimientos y
emociones. Intentar no interrumpir, ha veces sólo necesita dar
rienda suelta a sus emociones, no escuchar consejos o soluciones.
- No presuponer cómo pueden encontrarse y
preguntarles cómo se les puede ayudar.
- Respetar y tolerar los silencios. Respetar cuando
no quiere hablar y estar disponible cuando desee hacerlo.
- Permitir el llanto. Facilita el desahogo.
- Evitar las frases hechas del tipo "ya veras como
no es nada", "se positivo", "no puedes continuar así".
- Intentar permanecer tranquilo ante su irritación
y esperar a que se le pase.
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