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Nuevos descubrimientos arrojan luz sobre los poderes autocurativos del cerebro |
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Estos hallazgos podrían revolucionar los tratamientos de enfermedades neurodegenerativas como Parkinson, Alzheimer y enfermedades de las neuronas motoras. Los Dres. Bryce Vissel y Andrea Abdipranoto, neurocientíficos del Garvan Institute of Medical Research de Sydney, han demostrado que las células neurales del cerebro producen una molécula con capacidades antiinflamatorias, y que permite que el cerebro pueda autorepararse. A principios de la década de los 90 se descubrió la existencia de células madre neuronales en el cerebro, pero fueron necesarios 10 años para demostrar que son capaces de regenerar neuronas. El siguiente paso consistió en averiguar cómo se produce la regeneración de los tejidos y qué aspectos bloquean esa regeneración, especialmente en Parkinson y en Alzheimer. Los citados científicos provocaron una rápida neurodegeneración en el cerebro de ratones, seguida de una respuesta regenerativa inmediata, para averiguar qué mecanismos intervienen en el proceso regenerativo. Descubrieron que el proceso regenerativo se debe a elevados niveles de una molécula, conocida como Activina A. Esto es especialmente interesante, teniendo en cuenta que son las propias células neurales quienes secretan la molécula. Claramente, la Activina A jugaba un rol importante en el proceso. A continuación, los científicos provocaron la neurodegeneración, bloqueando al mismo tiempo la Activina A. El proceso regenerativo se detuvo casi por completo. Los científicos descubrieron que la acción de la Activina A se basa en su capacidad para bloquear el proceso inflamatorio en el cerebro desencadenado por neurodegeneración o lesión. Esta hipótesis se confirmó sustituyendo la Activina A por otra molécula con capacidad antiinflamatoria. Como se suponía, también este antiinflamatorio permitió el proceso regenerativo. Después de este estudio usando un modelo de degeneración aguda, el grupo proyecta llevar a cabo estos experimentos usando modelos de degeneración crónica. Parece que la inflamación agrava el daño ya existente en el sistema nervioso central de personas con Parkinson, Alzheimer y enfermedades de las neuronas motoras. Vissel y sus colegas opinan que la inflamación crónica crea un círculo vicioso muy dañino, al impedir la regeneración y al mismo tiempo contribuir al declive progresivo. Hay varios estudios que demuestran que las personas en tratamiento
con antiinflamatorios no esteroideos presentan menos riesgo de sufrir
Parkinson o Alzheimer. De confirmarse la hipótesis de estos autores, la
Activina A y sus derivados tendrían un potencial terapéutico importante
para estas enfermedades.
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