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La doble discapacidad |
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Publicado en eldia.es, el 14/12/09
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La falta de medidas que favorezcan la movilidad en los
barrios periféricos relega a un buen número de vecinos a una
doble discapacidad, pues no sólo se deben enfrentar a la
ausencia de adaptación del entorno, sino a la permisividad
sobre quienes no respetan normas básicas como
estacionamientos en zonas de paso.
La supresión de las barreras arquitectónicas del entorno urbano continúa siendo una de las grandes asignaturas pendientes en los municipios, y Santa Cruz no escapa de contar con infinidad de espacios urbanos que aún no están adaptados para facilitar las condiciones de vida de las personas con discapacidad o con movilidad reducida. Estas carencias se agudizan aún más cuanto mayor es la distancia del centro de la ciudad, hasta el punto de que en los barrios de la periferia se puede llegar a padecer una "doble discapacidad", pues al margen de que no se adapta en muchos casos el entorno, se suma también la falta de conciencia de muchos ciudadanos que no hace más que empeorar el nivel de vida de quienes se tienen que desenvolver con el apoyo, por ejemplo, de una silla de ruedas. Un ejemplo de las dificultades cotidianas de estas personas lo podemos encontrar en Antonio Cabrera Ramos, quien a consecuencia de su enfermedad convive desde hace tres años con la dificultad de desplazarse en su silla a través de un entorno en el que se carece de solidaridad. Antonio vive en el barrio de Barranco Grande, en el Distrito Suroeste, zona de la capital tinerfeña donde un importante número de personas padecen algún tipo de discapacidad. Pese a los esfuerzos que realiza la oficina del Distrito, que desde su escaso presupuesto intenta paliar las necesidades más inmediatas, acometiendo el rebaje de aceras y favoreciendo la movilidad en las zonas de influencia donde se localizan estas personas, la actitud de muchos ciudadanos echa por tierra cualquier acción, pues basta con recorrer un escaso tramo de 200 metros para darse cuenta de que a esta sociedad aún le falta mucho por hacer, aprender y concienciarse. La imagen más común es la de un coche aparcado encima de la acera o en medio de un paso de peatones, algo que representa para él "el pan nuestro de cada día, pues con gestos como estos se echan por tierra los planes de una jornada". Antonio señala que "cuando sales de tu casa no sabes lo que te vas a encontrar y el simple hecho de que alguien estacione sobre la acera te deja inutilizado", pues afirma que cuando la excusa es que "sólo un minuto, ese tiempo lo pierdo yo en desplazarme a otro lado, porque a mí me cuesta mucho más ir de un lugar a otro". Falta de civismo Asegura que la gente es insolidaria y no tiene civismo, ya que si se hacen los rebajes de las aceras y se estaciona sobre ellos, "no sirven para nada". En la vida de estas personas todo son inconvenientes, y las administraciones no actúan de acuerdo a la legislación y con una población que en Tenerife supera las 100.000 personas. Según explica, ya no es sólo la falta de adaptación del entorno urbano, sino la de equipamientos y rampas en los servicios de transporte público, "lo que provoca indignación, impotencia y rabia", al margen de que a diferencia del resto de población, los discapacitados pierden mucho más tiempo en sus desplazamientos si, como en su caso, "la mayoría de las guaguas no tiene rampas o pasan meses con estos accesos averiados". Antonio destacó las actuaciones impulsadas por el concejal del Distrito Suroeste, Hilario Rodríguez, para facilitar los desplazamientos de los vecinos de la zona, potenciando los rebajes "bien hechos", pero no oculta su descontento con todas aquellas personas que ejercen actitudes como aparcar su coche en la parada de las guaguas, con lo que no pueden desplegar sus rampas, impidiendo o dificultando el acceso no sólo a discapacitados, sino a personas mayores y con carritos de bebés. Asevera que el problema no son las barreras arquitectónicas, "que tarde o temprano se podrán eliminar", sino que el verdadero inconveniente "son las barreras mentales de algunas personas, pues a no ser que alguien tenga un problema cercano, es difícil que lo pueda comprender". Añade que "se podrá lograr subir a un político a una silla de ruedas para que pueda comprobar esta realidad, pero cuando pase algo de tiempo, se olvida". Además, pone de relieve que "hay edificios públicos o bancos a los que no se puede entrar y, como siempre, me dicen que vaya por la puerta de atrás o a hacer las gestiones desde la calle". Recuerda que la ley de accesibilidad es de 1995, que tenían diez años para adaptarse, "pero estamos en 2009 y aún cuando quiero ir a comprar el pan o hacer una compra, tengo que dar la lista a alguien de la tienda porque no se ha adaptado nada en ningún sitio". Por ello, pide "solidaridad, sensibilidad y conciencia" hacia los problemas del colectivo al que pertenece. Francisco García, vicepresidente de la AAVV El Molino,
exige por su parte "tolerancia cero" para los infractores y "más
celeridad por parte de la Policía", de manera que "sea activa con quien
estaciona sobre la acera o en los pasos de peatones. Es intolerable
-añade- la actitud de algunos políticos que se encogen de hombros cuando
se les plantea este tipo de problemas", para los que aconseja "tener
como obligación estar un mes en silla de ruedas, para que se resolvieran
todos los problemas". García afirma que "quien no se puede valer por sus
propios medios no merece quedarse estancado en una acera" y reclama que
"por el barrio no debería pasar ni una sola guagua en la que no funcione
la rampa de acceso".
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