El Teatro de la Vida

 

 

 

Este relato pertenece a una novela autobiográfica de Vicente, titulada "El recuerdo más fiel". Una novela que narra su vida desde final de los años setenta a principios de los ochenta. He elegido este capítulo porque habla de nuestro teatro, de él y mío, y de otras muchas personas que actuaron con nosotros en distintas épocas, y que también fue suyo, que lo hicieron suyo en esos momentos, para mí mágicos, todavía lejana a la silla de ruedas que ha marcado mi vida, (y la de Vicente), momentos llenos de vida y de sueños. Sueños que todavía tengo, quizá ahora más maduros, pero que no siento frustrados, porque no hay quién me frustre. Soy cabezota hasta la saciedad. Soy maña, claro...

En este capítulo, Vicente nos cuenta cómo creó un "scketch", "La Patata o Historia de una Religión", uno de los números que hemos representado más veces en veinticinco años y el único escrito en papel. Cuenta cómo, dónde, cuándo y por qué lo hizo. Sobran más comentarios.

Cristina Sáez

El teatro de la improvisación es hermoso. Me identifico con la lucha por lo espontáneo. Cuando se sube a escena y desarrollas un guión que llevas en la cabeza, te imaginas el mundo en un instante. Delante de la gente, debes responder a un gran reto: darle sentido a las cosas en un segundo, poder liberar tus ansias y aprovechar las de la gente que te ve. Entonces, transformas los utensilios que te aporta la naturaleza para comprender el mundo, mezclándolos con los del público y completándolos; es un darse cuenta continuado, una entrega absoluta, en la que lo que menos importa es la satisfacción propia, el aplauso del teatro de siempre, sino la vida en la expresión más sencilla, lo más filantrópico que conozco; aquello en lo que continuar, es natural porque se puede intercambiar con el otro, sin haberse enterado ni ese otro, ni tú mismo.

Cuando empecé a pensar en la existencia, supe que se puede poner en marcha aquello que se conjetura hace daño, frustra, destruye esperanzas.

Un buen día, curando un puñetero resfriado veraniego, obteniendo la dicha de fumar tabaco más barato, ya que con la moquita cualquier tabaco parece rubio americano del mejor, y, desoyendo las prohibiciones de padres, hermanos, médicos y abuelas (o sea, extendiendo mi resfriado más tiempo y haciendo estupideces por no seguir la norma), me dediqué a representar al comensal tras leer un relato sobre uno que no hace otra cosa que comer patatas Algo loco por ese teatro, me aseguré de que estaba solo en casa, me levanté de la cama, y paseando por la habitación, hice el acto suicida de pasar a gestos y gritos, los pensamientos de ese comensal de mi invención:

- ¡Yo como patatas...! -repetía en mil gestos a sabiendas de que eso no era cómico. Pensé en introducir personajes que le dieran cierta vida teatral:

- ¿Eres tú el que come patatas? -podía ser, pero es importante que el público sepa que los actores saben lo que es una patata; sentí necesidad de dar certeza a las patatas. El centro podría ser revestir a las patatas de significados que no tienen; ¿por qué no divinidad, animación o adoración, siendo esos tubérculos son despreciados y vejados ya que crecen a ras de suelo?

- ¿Cuándo comes patatas...? -mejor, así tiene más sentido.

- ¿Cómo, dónde...? -sí...

El comensal es profeta y predicador. El que grita: ¿por qué?, representa lo humano, a conciencia... Mil bombillas se me iluminaron y compulsivamente agarré papel y lápiz y escribí este scketch, con acotaciones escénicas breves y llamando a los personajes por los papeles que quería ridiculizar:

PREDICADOR: ¡Yo como patatas! (Varias veces, dramático, gesticulando mucho...) Patatas... (Se acerca el APÓSTOL 1 y le examina. El PREDICADOR se percata de su presencia y repite)

PREDICADOR: Yo como patatas...

APÓSTOL 1: ¿Cuándo comes patatas?

PREDICADOR: Cuando quiero. Yo como patatas cuando quiero.

APÓSTOL 1: ¡Oh! (se arrodilla)

(Aparece otro apóstol más decidido)

APÓSTOL 2: Y... ¿Dónde comes patatas?

PREDICADOR: Donde quiero. Yo como patatas donde quiero.

(APÓSTOLES le adoran. Aparece un tercero que le escucha y observa las adoraciones)

PREDICADOR: Yo como patatas... (Más seguro cada vez)

APÓSTOL 3: ¿Cómo comes patatas?

PREDICADOR: Como quiero. Yo como patatas como quiero.

(Irrumpe HEREJE y frotando las manos a modo judío y en tono desafiante alza la voz...)

HEREJE: Yo como boniatos...

(PREDICADOR tiembla...)

PREDICADOR: Yo como patatas...

HEREJE: ¡Yo como boniatos! Boniatos..

(Silencio, tensión. PREDICADOR piensa y duramente señala al hereje con la mano)

PREDICADOR: ¡HEREJE!

HEREJE: Boniatos...

APÓSTOLES: ¡HEREJE! (Pegan y sacan de escena al HEREJE)

PREDICADOR: Yo como patatas (PREDICADOR tranquiliza a APÓSTOLES que, aliviados, le adoran mejor)

(Aparece el DIABLO, que mira a actores y público intensamente, luego, mientras acaricia su barbilla, pregunta:)

DIABLO: ¿Por qué comes patatas?

(Parece desarticular al PREDICADOR, causando expectación entre APÓSTOLES. Hasta que grita y APÓSTOLES se alivian)

PREDICADOR: ¡Pecado! ¡Pecado!

APÓSTOL 1,2 y 3: ¡Pecado!

PREDICADOR: ¡DIABLO!

(APÓSTOLES van sobre el diablo, le apedrean y asesinan. Luego PREDICADOR canta un salmo y se van APÓSTOLES y PREDICADOR cantando incoherencias, dejando a DIABLO muerto en escena)

TELÓN.


* * *

Sentí la satisfacción creativa. Me gustaba mi obra y encajaba en mi idea de teatro. Por aquel entonces, mi hermanita estudiaba en una escuela convencional de teatro. Le gustó y convenció a sus compañeros de escuela de actores para representar “La patata”, aunque yo, la llamé “Historia de una religión”; siempre lo mismo, pero desarrollando elementos nuevos.

Por ejemplo, los apóstoles desarrollan preguntas y movimientos nuevos (¿cuántas patatas?, salen apóstoles extranjeros que preguntan en varios idiomas, el predicador improvisa frases...), pero siempre en el mismo esquema. Nunca ha habido un fracaso abrumador con la patata, a la gente les gusta o se entusiasman, pero, tampoco ha habido un éxito arrollador; es encantador que una creación breve y sencilla tenga resonancia. Le da sentido a lo que toca vivir. Sin embargo, he recibido acusaciones de revolucionario por parte de algún católico exaltado. Entonces, me pregunto: ¿cómo puede algo tan inocente en escena, desvelar tales sentimientos? la verdad, es que te animan a pensar que se hace algo importante. Una vez, actuamos en un café-teatro nocturno; al día siguiente, Jesúsmari anunció que se iba del grupo. Vinieron a vernos unos amigos suyos de la secta religiosa esa. Se fueron escandalizados patata mediante; le dijeron que yo era un revolucionario poco peligroso, pero que debía tener en cuenta mi influencia. De pronto, supe que teníamos un gran poder en nuestras manos; no iba a caer en el error de sentirme culpable por comer el tarro a nadie porque la patata no dejaba de ser teatro, por mucha ideología que representase. Esta cabezonería, me hizo romper con gente que quise, pero me invitó a una dimensión nueva y maravillosa: apertura a los sentidos, a la creación.

Escribí más sketchs, cada vez menos definidos. No recuerdo quién ideaba el final, o una manera del personaje. El desarrollo es de la mucha gente que ha intervenido en el grupo, como actores u otra cosa; pero tuvo mucho relieve en nuestros diecisiete años. Parecí haberlo aprendido todo, y, cada vez que subía a escena, me percataba de lo poco que era, y de lo mucho que necesito que me enseñen. Pero, he aprendido que es necesario, dejar un pequeño espacio que permita querer cosas; distanciarse de una sabiduría pequeña que permita hacer que las cosas de tu vida, no sólo sucedan, sino que se puedan crear. La ocurrencia se transforma en un planeta, dónde, la grandeza del niño, del joven, presenten al autoritarismo y a la religión, a sexo y a la muerte, como fuentes de vida humana.

Todas estas ideas viejas, representantes de un vitalismo[1] caduco pero poderoso, responden a la acuciante necesidad de ser[2] que se plantea al hombre y justifica lo que intenta para comprender el mundo. Tanto optimismo, me remite a ese enigma de Melinda; aunque, es mucho más grande, abrupto y agobiante; las paredes se estrechan, quieren unirse y me aprisionan con una fuerza colosal: sólo soy un neurótico más en un mundo neurótico[3].
 



[1] VITALISMO: la filosofía de la vida habla en un único idioma.

[2] NECESIDAD DE SER: presión del ser humano para dejar de significar algo.

[3] MUNDO NEURÓTICO: este mismo mundo y no otro.
 

 

 

 

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