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Mi experiencia en el CRMF de San Fernando |
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Hola a tod@s, Deciros que una de las decisiones más importantes que han marcado mi vida, es sin duda el haber ingresado en el CRMF de San Fernando (Cádiz).
Todo comienza, cuando en el año 2002 estando residiendo en Jaén, me
hablaron muy bien del Centro y me animaron a ir; por ello lo solicité.
Pero no, yo quería ser fuerte, esto significaba para mí un gran reto. La verdad es que no me costó nada de esfuerzo adaptarme, ya que a los 30 minutos llamé a mis padres diciéndoles que ya estaba mejor y que no se preocuparan porque estaba mucho más animada. Alguien de allí me contó: “Aquí se llora cuando se entra y también cuando se sale”; y es verdad, eso fue exactamente lo que me pasó. En los días sucesivos, ya me encontraba mejor que en mi propia casa. Tenía muchos amigos con discapacidades iguales (ataxia) o diferentes a la mía, pero todos con algún problema físico. Veía a mis compañeros; su forma de luchar para ser cada día más independientes… en definitiva, sus ganas de vivir. También los fines de semana nos íbamos por ahí, o bien salíamos por San Fernando un sábado, o nos íbamos de fin de semana o puente a otros lugares, fuera de la ciudad. Esto me ha servido para darme cuenta de que no hay sitios con barreras, sino barreras en la cabeza de las personas. Además de estar allí interna en una residencia, pero no una cárcel, porque se puede entrar y salir, también asistía a clases (1º Autoedición, 2º Multimedia y 3º me decidí por hacer un curso de grado superior, a distancia, de Agencia de Viajes, que en la actualidad sigo con ello), hacía fisioterapia, logopedia y terapia ocupacional.
Al principio, se nos dijo que nuestra estancia en la casa sería de dos meses. Nadie apostaba por nosotros (por nuestra lentitud de llevar las tareas de una casa y compaginar al mismo tiempo nuestros estudios), ya que padecemos de Ataxia de Friedreich y otro de Parálisis Cerebral. El período de permanencia en la casa se alargó hasta finales de Junio (mes en el que ya tuvimos que dejar el Centro, por vacaciones de verano). Desde aquí quiero manifestar mi agradecimiento a Angelines Chávez, terapeuta ocupacional que entonces trabajaba en el CRMF, por su gran ayuda; por lo mucho que nos enseñó para poder valernos por nosotros mismos, dentro de las posibilidades de cada uno; y por habernos depositado su confianza apostando por nosotros, ya que se trataba de la primera experiencia con personas atáxicas.
No quiero terminar sin dar las gracias a tod@s los trabajadores del CRMF por su amabilidad y profesionalidad. Y también, cómo no, a los taxistas Rafael y Manolo que, aunque no son trabajadores del Centro, sí que colaboran con su buen hacer y humor. P.D.: Al escribir mis experiencias vividas, no he podido evitar que se me escapara alguna lágrima o carcajada, recordando aquellos tiempos (para mí buenísimos). Ha sido como un sueño del que no quisiera despertar jamás.
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