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Sigamos adelante |
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La vida es imprevisible y nunca sabemos lo que en un futuro nos puede deparar. Podemos llevar una existencia acomodada y creer que todo está bajo nuestro control, pero a veces sucede algún acontecimiento imprevisible que lo trastoca todo. Ante cualquier hecho inesperado nuestra reacción es muy importante, tanto si nos ocurre a nosotros como si es a un ser cercano. Lo ideal es que actuemos con total normalidad y seamos capaces de afrontarlo con naturalidad, lo cual no quiere decir resignarnos sino aceptar las cosas y vivirlas como cualquier otras. Este hecho inesperado al que me refiero puede ser un accidente, tanto laboral o de tráfico, o una enfermedad que causen una discapacidad física. Tras el impacto inicial y el tiempo necesario para asumir la nueva situación, nos damos cuenta de que la vida continúa y tenemos que seguir con nuestras actividades, en la medida de lo posible. El tiempo de adaptación a la nueva situación, al que antes hemos hecho referencia, por lo general es largo. Una vez que nos decidimos a seguir adelante, no sin esfuerzo y fuerza de voluntad, viene cuando sentimos la decepción y frustración, sentimientos causados por el hecho de darnos cuenta de la cantidad de barreras con las que nos encontramos. Esas barreras están nada más salir de casa e intentar pasear por la ciudad. Bordillos de las aceras, falsos rebajes, rampas engañosas y peligrosas, lo cual dificulta la independencia en algo tan cotidiano como dar un paseo. Un motivo de especial frustración es la falta de accesibilidad en las instalaciones de los organismos públicos, pese a que por ley están obligados a realizar las reformas necesarias para solucionar esta situación. Las dificultades continúan cuando queremos comprarnos ropa. Si logramos acceder a la tienda, algo que no siempre es posible, nos encontramos con el inconveniente de que los probadores no suelen ser lo suficientemente amplios para una silla de ruedas, aunque no se puede generalizar. Lo cual significa que si te conocen te dejan la prenda para que te la pruebes en tu casa y si no, la compras a ojo y luego te las arreglas como puedes para cambiarla. A la hora de divertirnos también nos encontramos con inconvenientes. Lo primero es la tarea de buscar un bar que nos permita acceder con nuestra silla de ruedas, cosa que no en todos los locales conseguimos. Luego tenemos que pensar en el baño, primero que sea lo suficientemente grande para que quepamos la silla y nosotros, y además que esté adaptado, que según en qué ciudades puede ser una especie de milagro. Pues aunque vayamos con alguien que nos pueda ayudar, hay que reconocer que ir al baño requiere su intimidad. Los inconvenientes los encontramos al intentar realizar otra serie de actividades como estudiar, buscar trabajo, etc. Es justo reconocer que hay personas que cuando te ven enseguida están dispuestas a ayudarte, aunque también existen desaprensivos que lo que hacen es poner difícil lo que de por sí ya cuesta trabajo. Lo mejor es pensar que estos últimos lo hacen por ignorancia.
Y nosotros nos preguntamos, ¿por qué una silla de ruedas nos hace tan
diferentes del resto? Y luego hablan de la accesibilidad universal.
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