Queja a RENFE por parte de los discapacitados. Por Carlos Alberola González, FAer. Copiado de la sección "Opinión/Cartas" del diario "La Verdad", de Albacete, editado en fecha 30/06/2006.

Antes de contaros esto, me gustaría darle las gracias a este periódico por darme la oportunidad de reivindicar algo, que en los años que estamos debería de tener alguna solución, y haceros a todos los lectores participes de este gran problema para nosotros los discapacitados y parece ser que una tontería de una minoría para alguna persona sin estómago.

Todo empieza cuando yo, junto a dos compañeros del CRMF de Albacete, moviéndome por internet me entero que en Ponferrada (León) se organiza un congreso donde asiste gente de toda España y participan médicos especializados en nuestra dolencia (ataxia), y decidimos comprar unos billetes de tren, y así poder asistir nosotros también. Bueno, pues de hay radica mi problema y queja.

Contaré sólo el viaje de vuelta, al ser para mí el más humillante. En la estación fue todo de maravilla, teníamos los billetes de vuelta desde León, pero al final lo cogimos en Valladolid y los trabajadores de RENFE no dudaron en hacernos de nuevo unos billetes. A la hora de llegada del tren, unos chicos del servicio de la estación muy amables nos ayudaron a subir a cada uno de nosotros con nuestras respectivas maletas. Una vez arriba, fue cuando llegó mi desilusión al tener que hacer unas seis horas aproximadamente en la puerta del tren, entre vagón y vagón, al no pasar mi silla de ruedas por los pasillos. Mis compañeros sí pueden andar un poco, y pasaron a los asientos, y menos mal, porque en ese pasillo en el que estaba yo sólo no cabían tres personas en silla de ruedas. En ese trayecto podéis haceros una pequeña idea de todo lo que en esa soledad se pude pensar, en la gente que me acordé, y no por añoranza justamente.

Todo el camino sólo tampoco estuve, porque en cada momento estaban los trabajadores del tren preguntándome que cómo estaba y si quería algo. Mi respuesta fue siempre la misma, «estoy bien, no pasa nada». Claro, lo último que yo buscaba era meterles ninguna presión a esas personas que habían estado en todo momento a mi lado, ya era suficiente el castigo que reflejaban sus caras de impotencia al no poder hacer más por mí... y por eso quiero agradecerles a los trabajadores de la RENFE su atención.

Lo más gracioso de todo es que a mí me cobraron el billete sin gastar ninguna butaca, y cuando sale algún representante de RENFE en la televisión siempre dice que son un transporte que puede disfrutar todo español, ¡como si los discapacitados no tuviéramos ese derecho!. Para terminar me gustaría dirigirme a los encargados de todo esto, para que demostraran tener un poco de corazón y poner remedio a este problema, que afecta a más personas.

Gracias.

(Carlos Alberola González).